miércoles, 26 de marzo de 2025

Los orígenes de Boca Juniors


Boca Juniors, pasión popular argentina. Aquí repasamos su origen, su nombre, sus colores y sus estadios.

Base del podcast El origen de los colores, de Radio Nacional.

La historia de todos los grandes empezó con un puñado de voluntades que se unían para jugar al fútbol. Con una anécdota, una escena pequeña, circunstancial, que por algún designio de la providencia se volvió fundacional de algo mayor, el disparador de una historia destinada a volverse trascendente. La de Boca Juniors no fue la excepción.

La geografía boquense
(plano de 1935)
La leyenda reconstruida a partir de relatos y memorias nos lleva a la plaza Solís, delimitada por las calles Suárez, Caboto, Olavarría y Ministro Brin, a pocos metros de la Boca del Riachuelo. Allí, en un banco de la plaza, el sábado 1º de abril de 1905, Esteban Baglietto, Santiago Pedro Sana, Alfredo Scarpatti y los hermanos Juan Antonio y Teodoro Farenga acordaron fundar un club. Los tres primeros venían con la influencia de codearse con los señores ingleses: en el Colegio Comercial seguían con admiración las lecciones de Paddy Mac Carthy, el muy británico instructor de fútbol.
Pero esa tarde no terminaron de definirlo, fueron a un “cuarto intermedio” y la reunión siguió el domingo 2 en la casa de Baglietto.

Se juntaron unas treinta personas y armaron tal revuelo que la mamá de Baglietto los echó a todos, así que tuvieron que continuar en la plaza. El lunes 3, el padre de los Farenga les dio permiso para reunirse en su hogar. Según el libro oficial del club, “fue éste el lugar donde se designó la primera Comisión Directiva y aunque no se labraron actas, hubo acuerdo y ruidosos festejos”.

Todos coincidieron que el nombre debía incluir la palabra Boca y al parecer fue Sana quien propuso agregarle el Juniors, por su condición de estudiante de inglés. Además, ese remate le daba un toque británico, tan presente en aquellas décadas iniciales del fútbol en el Río de la Plata. En aquel encuentro establecieron también que Esteban Baglietto sería el primer presidente y que jugarían en la cancha de Independencia Sud, en Pedro de Mendoza y Colorado, hoy llamada Benito Pérez Galdós.

El 20 de febrero de 1906 a uno de ellos se le ocurrió llevar un libro de actas. Y aunque la paciencia o el entusiasmo de asentar todo allí duró un mes y medio, hasta el primer aniversario de Boca Juniors, fue suficiente para que tres décadas después una asamblea reconociera a todos aquellos pioneros como socios fundadores.

El origen genovés de Boca
llevó a su apodo xeneize
Según un relevamiento realizado por el Centro de Investigación e Historia del Fútbol, cinco de los ocho progenitores de los fundadores eran nacidos en la provincia italiana de Liguria, cuya capital es Génova. En la lengua ligur Génova es Zena, con Z, y a sus habitantes se los llama zenéixi, que por deformación quedó entre los inmigrantes a Buenos Aires como “xeneize”, intercambiando de lugar la Z y la X. En resumen: los fundadores de Boca tenían sangre genovesa, eran verdaderamente xeneizes.

En menos de tres semanas llegó el día de debutar en la cancha: el 21 de abril de 1905, en el campo de juego de Independencia Sud, Boca Juniors disputó el primer partido de su historia y goleó 4-0 a Mariano Moreno. ¿Y cuáles fueron los colores boquenses en aquellos tiempos iniciales?

Primero vistió una camiseta rosa, que fue usada en algún encuentro amistoso y casi enseguida, todavía en 1905, la remplazó por una casaca enteramente celeste. Sin embargo, Manuela Farenga, hermana de uno de los fundadores, se encargó de buscarles otras, con la condición de que no sean blancas y rojas… como las de Alumni. Al final apareció con unas camisetas que tenían finas rayas azules y blancas, colores que compartían otros clubes barriales.

Una versión reseña que por esa coincidencia, los muchachos de La Boca definieron con un club supuestamente llamado Boedo que quien ganara el partido entre ellos se quedaría con las rayitas azules y blancas. Lo ganó Boedo y Boca tuvo que buscar nuevos colores. Pero otra versión señala que ese desafío no existió y que simplemente las camisetas se fueron gastando con el uso y decidieron cambiarlas.

Los tradicionales colores azul y amarillo fueron elegidos recién en 1907, luego de ideas diversas, indecisiones y opiniones encontradas. No se ponían de acuerdo para elegir los colores y el directivo Juan Rafael Bricheto, que trabajaba en el Puente 2 del puerto por donde pasaban los vapores, propuso adoptar los colores de la bandera del primer barco que llegara. Era una buena solución. Y allí apareció un buque de la compañía naviera sueca Johnsonlinien. Aunque existen dudas de si se trataba del Oskar II, bautizado así en honor al rey de Suecia, o el Drottning Sophia, dedicado a su esposa, el que arribó a las aguas porteñas llevaba su bandera azul con la cruz amarilla.
Así lucían los buques de la Johnsonlinien sueca.

Ya tenían nuevos colores, pero les faltaba definir un diseño. Primero fueron azules con una banda diagonal amarilla pero como las cosía cada familia, algunas las confeccionaban con esa banda que bajaba desde el hombro derecho y otras desde el izquierdo. Las estrenaron el 4 de agosto de 1907 venciendo a General Arenales, en un partido de la Asociación Porteña de Football.

En 1908 Boca Juniors se anotó en la Liga Albión y el 12 de abril venció 4-1 a San Telmo y se quedó con la Copa Barone. Envalentonados por el éxito, los dirigentes decidieron ir tras un desafío más grande y se afiliaron a la Asociación Argentina. Y también debutaron con victorias: 3-1 a la segunda división de Belgrano Athletic, como visitantes, y una semana después el estreno de local en el nuevo reducto de la Dársena Sur, con un arrollador 7-0 sobre Bernal. El primer gol de la historia “oficial” lo anotó Rafael Pratt, nacido en Gibraltar. 

Pronto llegaría para los boquenses el debut internacional. Fue el 8 de diciembre de 1907, cuando recibieron en su primera cancha a los uruguayos del Club Universal de Montevideo. Los orientales ganaron 2-1. Diez meses después fue el momento de la revancha, la primera salida del país: el 4 de octubre de 1908 en la capital uruguaya Boca Juniors fue el que ganó 2-1.

En aquellos años iniciales se fue forjando la rivalidad con los vecinos de barrio: River Plate. Se trataba de partidos amistosos, pero cada vez despertaban más y más pasión. El primero de todos fue el 2 de agosto de 1908, con un 2-1 a favor de los xeneizes.

La participación en el campeonato de la Asociación Argentina revestía de importancia a un equipo que cada vez se volvía más popular. Pero también traía aparejadas varias exigencias, que provocaron que Boca modificara varias veces su cancha, siempre en La Boca. El gobierno nacional le había cedido a título precario un terreno en la isla Demarchi, detrás de las ya desaparecidas Carboneras Wilson e Hijos. Un rápido desalojo en 1912 obligó a trasladarse nuevamente: el nuevo campo de deportes se ubicó a 100 metros de donde se encontraba, en donde hoy está el Observatorio Naval, también en la isla Demarchi. 

La posesión de las tierras seguía estando floja de papeles y aprovecharon que un socio había ofrecido un terreno por 200 pesos mensuales en la localidad de Wilde, pagaderos a doña María Ignacia Eyzaguirre de Urquizú. El 3 de febrero de 1914 Boca Juniors pidió a la Municipalidad de Avellaneda la autorización necesaria para construir su field en el partido. Firmaron un contrato por diez años, se levantaron una casilla y una tribuna y así se instaló Boca del lado sur del Riachuelo. Otra vez el estreno fue con goleada: 7-0 a Quilmes. 

Ya no quedaba bien que las casacas no fueran todas iguales. Para evitar confusiones finalmente en 1913 se optó por una franja horizontal amarilla que le cruza el pecho. Ese fue el año del debut en Primera: el 13 de abril goleó 4-1 a Estudiantil Porteño, en Ituzaingó.

El 15 de junio de 1913 Argentina y Uruguay empataron 1-1 en la cancha de Racing. Para los boquenses fue un partido especial, porque por primera vez un jugador del club integró la selección nacional: el puntero izquierdo Francisco Taggino.

A la vez que el equipo sumaba voluntades por toda la ciudad, los vecinos de La Boca estaban disgustados con tener a su equipo jugando de local en Wilde. De los 1500 socios que tenía solamente le quedaban 300, más de mil rompieron el carnet, reclamando el regreso al barrio de origen, a metros del puerto donde los miles y miles de inmigrantes empezaban una nueva historia lejos de su patria. Boca Juniors debía estar ahí, ser el primer amor de esos trabajadores que llegaban a “hacerse la América”.

Cinco años después del primer amistoso contra los vecinos de River Plate, se enfrentaron por primera vez de manera oficial, por los puntos.“Numerosa concurrencia asistió ayer por la tarde a la cancha del Club Atlético Racing, en Avellaneda, a presenciar el partido oficial, que por el campeonato de primera división de la Asociación Argentina de Football, jugaron los primeros cuadros de los clubes River Plate y Boca Juniors”, comenzaba la fallida crónica del diario La Prensa, reseñando el partido del 24 de agosto de 1913, sin informar el resultado. Los riverplatenses se impusieron 2-1. Nadie lo sabía, claro, pero era un acontecimiento histórico, que marcaría parte de la cultura del ser nacional.

Los resultados no acompañaron el andar de Boca en la cancha de Wilde y el fastidio de los habitantes de La Boca se hizo cada vez más latente, hasta que los dirigentes, encabezados por Emilio Meincke, resolvieron la vuelta al barrio natal. La búsqueda dio con un terreno en la calle Ministro Brin y Senguel, con una fábrica de ladrillos y un galpón incluidos. Trasladaron la tribuna techada que habían levantado en Wilde y el 25 de mayo de 1916, en un amistoso con Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, sellaron su regreso a La Boca, de donde no se irían nunca más.
El regreso de Boca Juniors a su barrio, en la Dársena Sur.

El retorno al barrio revitalizó al equipo y le devolvió el entusiasmo a sus hinchas. Salió tercero en 1917 y repitió la misma campaña en 1918. En 1919 el fútbol porteño se dividió y apenas seis equipos quedaron en la liga: Boca Juniors fue el campeón de la Asociación Argentina. También conquistó la Copa Competencia: en la final nacional, ya iniciado 1920, superó a Rosario Central y accedió a disputar la final internacional en la que superó 2-0 a Nacional de Montevideo.

Pero volvamos a un detalle que podría ser apenas un dato al pasar pero que marcó la identidad boquense para siempre. Dijimos que en el solar de la calle Ministro Brin había una fábrica de ladrillo. Para alimentar el horno se usaban como combustibles la leña y la bosta animal, que dejaba en la zona su particular aroma. A manera de cargada, los rivales empezaron a llamar “bosteros” a los boquenses, pero más allá de la intención peyorativa el apodo fue aceptado y adoptado hasta con orgullo. Trascendió por décadas y llega hasta nuestros días, aún cuando pocos saben del origen.

El masivo acompañamiento popular desbordaba las tribunas de la cancha y tuvo que buscar un nuevo lugar donde levantar un estadio con mayor capacidad. Lo encontró a pocas cuadras, en la intersección de Brandsen y Del Crucero (hoy Del Valle Iberlucea). Le compró parte de los terrenos al ferrocarril y el 6 de julio de 1924 inauguró el nuevo recinto, con la presencia del presidente Marcelo Torcuato de Alvear, quien dio el simbólico puntapié inicial. Después llegó la victoria 2-1 sobre los montevideanos de Nacional, un club que ya se reconocía amigo de Boca
El presidente Marcelo T. de Alvear en la inauguración de la
cancha (en su ubicación actual), en 1924.

El conjunto azul y oro terminó de ganarse el fervor popular con la extraordinaria gira que realizó por Europa en 1925. Fue el primer viaje de un club argentino al Viejo Continente, con resultados deportivos asombrosos: en 19 partidos cosechó 15 triunfos, un empate y apenas tres derrotas. Se destacaron las victorias ante Real Madrid, La Coruña, Espanyol de Barcelona, Atlético de Madrid, los equipos alemanes y un combinado de París. La cobertura periodística del diario Crítica potenció la popularidad de Boca Juniors.

En aquella travesía el plantel fue acompañado por Victoriano Caffarena, un muchacho de buen pasar económico, que se sumó como el único hincha de la gira, y terminó colaborando como masajista y delegado. Hizo una buena relación con los jugadores y le pusieron el apodo de “jugador número 12”, un honor que varias décadas más tarde le reconoció el presidente del club Alberto J. Armando, entregándole una plaqueta. La historia de “la 12” empezó con “el 12”, Caffarena.

Ya consagrado como uno de los clubes más populares de la Argentina, Boca creció aun más en esa segunda mitad de los años veinte. En 1930 fue campeón del último torneo amateur y del primero del profesionalismo, al año siguiente. En ambas ocasiones postergó a Estudiantes de La Plata y a River Plate, nada menos.
La cabecera de la calle Brandsen, en la década de 1920

La historia futbolística de Boca Juniors es por demás conocida, con innumerables éxitos que ya empezaban a acumularse. Y en 1932 decidió modificar su emblema con cada nuevo logro: según el Artículo 1 (inciso 4) del Estatuto del club: “El escudo será engalanado con estrellas representativas cada una de campeonatos obtenidos por su primer equipo de fútbol y por acontecimientos deportivos que, por su significación, puedan equipararse. Cada estrella que se agregue al escudo deberá ser aprobada por la Asamblea de Representantes”.

A medida que sumaba estrellas crecía aún más la popularidad. En esa década la cancha volvió a quedarle chica. En 1934 decidió la construcción de un nuevo estadio de hormigón armado. En 1938 empezó a jugar de local en Ferro Carril Oeste y en San Lorenzo mientras en el mismo predio se desmontaban los tablones para levantar un colosal escenario, con la particularidad de tener tres grandes tribunas en vez de cuatro, acotado el predio en su ancho por las vías del tren y por la calle Del Crucero. La solución fue el diseño del arquitecto esloveno Viktor Sulčič, quien, junto con el geómetra Raúl Bes, y el ingeniero José Luis Delpini, formaban el estudio Delpini-Sulcic-Bes, los mismos que idearon la ingeniosa estructura del Mercado de Abasto de Buenos Aires, hoy convertido en un shopping. La obra estuvo a cargo de la empresa alemana GEOPÉ. 

Finalmente el 25 de mayo de 1940 Boca inauguró su estadio, un prodigio de ingeniería para un terreno tan acotado. A lo largo de los años el recinto fue bautizado con nombres de presidentes del club como Camilo Cichero y Alberto J. Armando, pero siempre para todo el mundo futbolero fue simplemente “La Bombonera”. ¿De dónde surgió ese apelativo? Hay varias versiones pero el arquitecto Sulčič solía contar que todo nació de una anécdota protagonizada por él mismo, durante la etapa de desarrollo del diseño. En ocasión de su cumpleaños, una amiga le regaló una caja de bombones, que Sulčič comenzó a llevar a las reuniones con el ingeniero Delpini y otros participantes del proyecto, ya que su forma era casi exactamente igual a la del estadio que él estaba diseñando. Las proporciones de aquella bombonera de cartón la hacían funcionar como una maqueta práctica y manipulable. A partir de entonces, aun antes de su construcción, para todos fue La Bombonera, incluidas las autoridades del club, que la llamaron así en los discursos del día de su inauguración.

La Bombonera en 1940.

Ricardo Alarcón anotó el primer gol en la nueva casa, ese 25 de mayo de 1940, batiendo a Sebastián Gualco, de San Lorenzo de Almagro. Y fue el mismo Alarcón quien días después marcó el primer tanto oficial, contra Newell's Old Boy's.

La capacidad de 54.000 espectadores volvió a ser insuficiente y suelen lanzarse ideas de construir un nuevo estadio en otras localidades. Pero a diferencia de sus archirrivales, Boca Juniors no quiere irse de La Boca y las protestas se hacen oir. Un solo proyecto (curiosamente esloveno) promete ampliar La Bombonera sin necesidad de comprar más terrenos, ante la imposibilidad de adquirir las manzanas vecinas.

Boca Juniors ha vivido allí innumerables momentos de gloria, en el mismo barrio donde nació en 1905. Y aunque sus hinchas se cuenten por las más diversas geografías, en esas coloridas y pintorescas callecitas de La Boca late el gen de esa pasión. En esas tribunas, tan próximas a la plaza Solís y al Riachuelo donde adoptaron los colores, vive el alma xeneize.

miércoles, 19 de marzo de 2025

Con V de Vélez

La proyección nacional de Vélez Sarsfield es muy anterior a su cosecha de títulos que alcanzó hasta la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental. A lo largo de la Argentina varios clubes tomaron el nombre del jurista cordobés, pero lo hicieron imitando al club fundado en el inicio de 1910 en la barriada del oeste de Buenos Aires.

Por PABLO ARO GERALDES

Dámaso Simón Dalmacio Vélez Sarsfield, más conocido quitándole sus dos primeros nombres, fue ​un abogado y político que nació en Amboy, Córdoba, el 18 de febrero de 1800 y fue autor del Código Civil de Argentina de 1869 (vigente hasta 2015).

Dalmacio Vélez Sarsfield
Se graduó a los 22 años; fue además un aventajado estudiante de las matemáticas y las lenguas: llego a dominar los idiomas inglés, francés, italiano y latín. En 1824 año fue nombrado catedrático de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Durante los años del gobierno de Juan Manuel de Rosas, su enemistad con él lo llevó a exiliarse en Montevideo. Los vaivenes de su relación con Rosas lo trajeron de nuevo a Buenos Aires como jurisconsulto en materia de límites y derecho internacional; en esta época redactó además una exhaustiva compilación del derecho canónico existente, presentada en un Tratado Público Eclesiástico en Relación al Estado. Junto a Carlos Tejedor redactó el proyecto de Constitución para el Estado de Buenos Aires en 1854, cuando la provincia se separó de facto de la Confederación Argentina (entre el 11 de septiembre de 1852 y el 17 de septiembre de 1861) tras la derrota de Rosas en la Batalla de Caseros.

Durante la separación de Buenos Aires del resto de las provincias, ocupó sucesivamente los cargos de senador, encargado de la reorganización del Banco Provincial de Buenos Aires, canciller y negociador diplomático entre Buenos Aires y la Confederación.

En 1858, el Estado de Buenos Aires le encargó la tarea de redactar un código de comercio, lo que hizo en diez meses en colaboración con el jurisconsulto uruguayo Eduardo Acevedo, y fue sancionado en 1859. Al reunificarse el país, ese texto fue aprobado como código nacional de comercio por el Congreso, mediante la Ley n.º 15 el 10 de septiembre de 1862 (tuvo una reforma en 1889 y se mantuvo en vigor hasta el 1 de agosto de 2015). En el mismo año 1862 se le encargó a Vélez Sarsfield la redacción del Código Civil de la República Argentina. Su redacción, ricamente provista de notas y comentarios, le llevó casi cinco años; en 1869 se dispuso del texto completo, que se aprobó a libro cerrado en 1869 durante la presidencia de Domingo Sarmiento, y estuvo en vigor desde el 1 de enero de 1871 hasta el 1 de agosto de 2015, siendo reemplazado por el Código Civil y Comercial de la Nación.

Fue ministro de Hacienda de Mitre, y luego ministro del Interior de Sarmiento, quien asumió la presidencia en 1868. Sarmiento y Vélez Sarsfield fueron los mayores propulsores de la telegrafía eléctrica en el país. El 5 de agosto de 1874, en las postrimerías de su período presidencial, Sarmiento inauguró la primera comunicación telegráfica con Europa. Sarmiento decretó que el día de la inauguración del cable telegráfico fuese feriado nacional. La ceremonia contó con la presencia entre otros del ya exministro Vélez Sarsfield, a quien Sarmiento atribuyó en el acto "el honor exclusivo de la atrevida idea y de la rápida ejecución de la red de telégrafos, que contribuye a dar paz a la República y bienestar a sus hijos".

Murió en Buenos Aires el 30 de marzo de 1875. Sus restos descansaban en el cementerio de la Recoleta, hasta que fueron trasladados al Palacio de Justicia de la capital cordobesa.

En reconocimiento a su figura se bautizaron calles, avenidas y barrios. En la ciudad de Buenos Aires, se nombró como Vélez Sarsfield a la zona entre Floresta y Villa Luro, delimitada por la Av. Segurola, Juan Agustín García, Av. Lope de Vega, Av. Juan B. Justo, Av. Canónigo Miguel Calixto del Corro, Av. Rivadavia, Medina, Av. Juan Bautista Alberdi y Mariano Acosta. Tradicionalmente era parte del barrio de la Floresta, hasta que se independizó el 26 de enero de 1910, tomando el nombre de la estación Vélez Sarsfield del Ferrocarril del Oeste. 

Y había sido precisamente en los túneles de esa estación donde días antes, 1 de enero de 1910 un grupo de muchachos fundó el Club Atlético Argentinos de Vélez Sarsfield, hecho que formalizaron en la casa de Nicolás Marín Moreno.

El primer presidente designado fue Luis Barredo y el novel club armó dos equipos: uno de Tercera y otro de Cuarta División. Vistieron clásicas camisetas blancas, que estaban al alcance de todos, y disputaban sus partidos en un potrero de Ensenada y Provincias Unidas. Dos años más tarde las autoridades establecen un cambio en el uniforme oficial: camisetas azul marino y pantalones cortos blancos. Se afiliaron a la Asociación Argentina de Football pero se desligaron para posteriormente hacer su ingreso a la Federación Argentina de Football.

En 1913 ingresaron diez nuevos socios, entre ellos José Amalfitani, y en una reunión de Comisión Directiva decidieon abreviar el nombre a: Club Atlético Vélez Sársfield. El 14 de marzo de 1916 oficializaron la camiseta “italiana”, de rayas verticales con los colores rojo, blanco y verde.

Con el horizonte claro, los muchachos de Villa Luro siguieron escalando y en 1918 alcanzaron la Primera División. La temporada de estreno en la elite fue fantástica: debutaron venciendo a Independiente y terminaron segundos detrás del imparable Racing Club, dejando atrás a River Plate. En menos de una década ya se habían ganado el respeto de los poderosos.

Vélez Sarsfield en 1926, con los colores de
la bandera italiana

En 1923 un cronista deportivo del diario La Prensa fue elegido presidente del club. Su nombre: sí, Amalfitani, un dirigente sin par que marcaría por medio siglo un camino de crecimiento serio y continuo, guiado por su visión y honestidad.

En 1924 Vélez inauguró su estadio de la calle Basualdo, en la zona sur de Villa Luro, y allí se jugó, en 1928, el primer partido nocturno del fútbol argentino, gracias un extenso tendido de cables que surcaba las alturas de la cancha con 39 focos.

El inicio del profesionalismo tuvo al club entre los protagonistas y al año siguiente, el diario Crítica deslizó una palabra que sería emblema de Vélez por siempre: en la víspera del partido contra los de Boedo el periódico preguntó “¿San Lorenzo hará rendir mañana el Fortín de Villa Luro?”. No pudo, como tampoco pudo River, que fue el campeón de ese 1932. “El Fortín” quedó grabado a fuego entre los velezanos. Y habría más cambios que terminarían de moldear para siempre la identidad. Un comerciante de la zona tenía unas camisetas que unos rugbiers les habían dejado de clavo y se le ocurrió ofrecérselas al club: así el 30 de abril de 1933 Vélez estrenó el modelo blanco con una gran V azulada.

La historia de Vélez Sarsfield es larga y conocida. Lleva ocho décadas consecutivas en Primera División, el segundo equipo con racha más larga en la élite, detrás de Boca Juniors.

El equipo de Vélez Sarsfield que ganó la Copa Intercontinental en 1994.

Símbolo del fútbol porteño, Vélez Sarsfield fue imitado en distintos pueblos y ciudades del país. Estos son algunos de los velezanos a lo largo de la Argentina:

Club Atlético Vélez Sarsfield (Buenos Aires)
Fundado el 1 de enero de 1910

Club Atlético Vélez Sarsfield (San Ramón, Santiago del Estero)
Fundado el 28 de agosto de 1923

Club Atlético Vélez Sarsfield (San Fernando del Valle, Catamarca)
Fundado el 12 de septiembre de 1928

Club Deportivo y Social Vélez Sarsfield (Tres Isletas, Chaco)
Fundado el 14 de abril de 1936

Club Atlético Vélez Sarsfield (Chajarí, Entre Ríos)
Fundado el 11 de octubre de 1936

Club Atlético Vélez Sarsfield (Oliva, Córdoba)
Fundado el 6 de diciembre de 1936

Club Atlético Vélez Sarsfield (Azul, Bs. As.)
Fundado el 22 de enero de 1939

Club Atlético Vélez Sarsfield (Villa Tulumba, Córdoba)
Fundado el 1 de enero de 1940

Club Atlético Vélez Sarsfield (Mercedes, Bs. As.)
Fundado el 30 de mayo de 1945

Club Atlético Vélez Sarsfield Libertad (Resistencia, Chaco)
Fundado el 14 de julio de 1945

Club Atlético Vélez Sarsfield (Piruaj Bajo, Santiago del Estero)
Fundado el 6 de enero de 1949

Club Atlético Vélez Sarsfield (Andalgalá, Catamarca)
Fundado el 15 de marzo de 1951

Club Atlético Vélez Sarsfield (Tránsito, Córdoba)
Fundado el 7 de agosto de 1974

Club Atlético Vélez de Cochangasta (Cochangasta, La Rioja, La Rioja)
Fundado el 8 de enero de 1992

Todos estos clubes tomaron –con variantes– el diseño de la V y los colores blanco y azul de la institución porteña. Pero hay una excepción, el de Azul, en la provincia de Buenos Aires, que justamente desechó el azul y es el único Vélez blanco y verde:


Fuera de la Argentina, resalta el FK Velež Mostar, fundado el 22 de junio de 1922 en Mostar, ciudad de Bosnia y Herzegovina. Milita en la Premijer Liga, la máxima categoría del fútbol bosnio, y juega sus partidos de local en el Stadion Rođeni. ¿Tiene algún lazo con el Vélez de Liniers? No: su nombre se lo debe a la cercana montaña Velež, que a su vez lleva el nombre de uno de los dioses eslavos antiguos, Veles (con S, que también aparece como Volos, Weles o Voloh). 
Siempre rojiblanco, hasta 1992 en su escudo aparecía una estrella roja que no fue recuperada hasta 2005. Durante el periodo de la antigua Yugoslavia, el Velež siempre estuvo en la máxima división y fue tres veces subcampeón, en 1973, 1974 y 1987. Conquistó la Copa del Mariscal Tito (era la Copa de Yugoslavia) en dos ocasiones: 1981 y 1986. Tras la Guerra de los Balcanes, el Velež continuó afiliado a la Fudbalski Savez Bosne i Hercegovine, y mantienen una mezcla de aficionados de los tres grupos étnicos principales: musulmanes, serbios y croatas. 

Otra curiosidad llega desde España: en aquel 1922, exactamente tres meses después del Velež bosnio, el 22 de septiembre se fundó el Vélez Club de Fútbol en la ciudad andaluza de Vélez-Malaga, institución decana en la provincia malagueña.
Dos velezanos del exterior, el de Mostar (Bosnia) y Málaga (España)

domingo, 16 de marzo de 2025

Extremos geográficos de la Copa del Mundo

Inspirado en un trabajo que el colega André Rosso realizara para la RSSSF, aquí se tratan de mostrar los puntos extremos de la brújula donde se jugaron partidos de las fases finales de las Copas del Mundo.
¿Cuáles fueron los estadios que albergaron juegos más al sur, más al este, más al oeste y más al norte? Pulsando sobre las imágenes podrás verlas ampliadas:
Sur: Mar del Plata (Argentina) - 38°01'S
En el estadio Mundialista se jugaron en 1978 estos seis partidos:
Italia 2 - Francia 1
Brasil 1 - Suecia 1 (foto)
Italia 3 - Hungría 1
Brasil 0 - España 0
Francia 3 - Hungría 1
Brasil 1 - Austria 0Este: Sapporo (Japón) - 141°25'E
En el estadio Sapporo Dome se jugaron en 2002 estos tres partidos:
Alemania 8-0 Arabia Saudita 
Inglaterra 1-0 Argentina (foto)
Italia 2-0 Ecuador
Oeste: Palo Alto (San Francisco Bay Area, Estados Unidos) - 122°10'O
En el Stanford Stadium se jugaron en 1994 estos seis partidos:
Brasil 2-0 Rusia 
Brasil 3-0 Camerún
Colombia 2-0 Suiza
Rusia 6-1 Camerún (foto)
Brasil 1-0 Estados Unidos
Suecia 2-2 Rumania

Norte: Sandviken (Suecia) - 60°37'N
En el estadio Jernvallen se jugaron en 1958 estos dos partidos:
Hungría 1-1 Gales
Hungría 4-0 México (foto)
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POR LAS ELIMINATORIAS
La ciudad más sureña en la que se han jugado partidos por eliminatorias es Christchurch (Nueva Zelanda) - 43°32'S
La ciudad más al este en la que se han jugado partidos por eliminatorias es Suva (Fiji) - 178°44'E
La ciudad más al oeste en la que se han jugado partidos por eliminatorias es Nuku'alofa (Tonga) - 175°12'O (*)
La ciudad más norteña en la que se han jugado partidos por eliminatorias es Reykjavik (Islandia) - 64°09'N

(*) De acuerdo a la Línea Internacional de Cambio de Fecha, Nuku'alofa debería ser la ciudad más al este, mientras Apia (Samoa) ubicada a 171°50'O sería la ciudad más al oeste.